A modo de bienvenida…
Me vine para acá por lo que todo el mundo se viene para acá: para tener más oportunidades de educación y ver algo de mundo. Me fui de Puerto Rico con la misma idea de mucha gente: volver. Mi sueño: regresar doctorada de literatura caribeña, hacerme escritora, y dar clases en la IUPI; vivir en San Juan, casarme si se daba la oportunidad, y seguir pa’ lante en cuestiones culturales del país. Como a muchos, sin embargo, los sueños se trasplantaron y empezaron a echar raíces en otras ideas, lejos de la isla y de mi gente. De repente, Puerto Rico dejó de ser una opción y una vida académica desde Estados Unidos empezó a abrirme las puertas. La disyuntiva, de todas maneras, era: ¿cómo iba a estudiar y representar algo que no estaba viviendo, ni viendo, ni sintiendo? Dejé de escribir. La escritora se fue durmiendo. El lugar de enunciación estaba en transición y, hasta ahora, hacía como dos años que no escribía nada. Claro… una nueva inspiración llegó a mi vida y ella necesita mis palabras y toda la atención. El sueño de regresar, sin aviso, se despertó.
Quiero que mi hija viva cosas que yo viví: la familia, los amigos en la calle, la playa, el ruido de la ciudad, el bembé, las fiestas de la calle San Sebastián, las fiestas patronales, la noche de San Juan, los Reyes Magos… Pero voy al Nuevo Día y veo que las cosas no son como antes. Me puse vieja, igual que en la canción de Mi Viejo San Juan. La política desmorona las esperanzas del pueblo, y el pueblo se duerme entre las pajas de los cupones y la falta de oportunidades, de motivaciones, de deportes que levanten el espíritu, de escuelas que den un nuevo modo de ver las cosas, de universidades que pongan los chavos donde deben ir y de estudiantes que inviertan en su educación sin pelear porque la matrícula la van a subir y el cheque de la beca no les va a dar para irse a beber.
De todas formas, mi familia sigue en Isabela, y, ahora que acabo de verla, quiero que Danika esté allá, con sus abuelos, sus primos, la vista de la casa nueva, las olas, las palmas de mi papá y el machete en la pared, junto al retrato de Albizu. Tal vez es un sueño, tal vez es la nostalgia que habla desde las artesanías de mi esposo en la pared, tal vez es la necesidad de cumplir la meta que me tracé cuando me vine para acá. Tal vez…
¡Saludos!
Bienvenidos a este espacio en el que se puede uno sacudir y espantar lo malo. Más que bienvenido a sacudirte los propios espíritus.
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1 comment:
Sip....aunqque no tengo hija, creo q expresas bien lo que sentimos muchos. Lindas y tristes palabras esas, porque son verdades. Vamos a ver que pasa.....a ver. Ojala que alguien mas se de cuenta de esto, y que sea la cabeza que toma las desciones que hoy nos ponen fuera.
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